25 febrero 2015

Venezuela, cárcel y cementerio

Kluivert Roa (Q.E.P.D.)

Qué se puede escribir cuando no es posible describir el dolor y la indignación; cuando el miedo desaparece, aplastado por un sentimiento mucho más invasivo y terrible, que reduce a nada todos los demás sentimientos. La impotencia. Uno no sabe qué hacer con ella, de qué modo expresarla. Uno no encuentra cómo deshacerse de ella para recuperar el aliento, la movilidad, el sentido de orientación. Uno pierde repentinamente los puntos cardinales de la razón y se queda desnudo de saberes, de experiencia, de recuerdos. Desnudas y a la vista del mundo quedan nuestras tripas, revueltas por la angustia, y nuestro corazón, encogido de pena. Uno se queda con el alma en vilo, presa del asombro, de la incredulidad, de una inercia instantánea, sin poder procesar, ni aún con los sentidos, mucho menos con el entendimiento, todas las atrocidades que suceden frente a nosotros. Uno no acepta, en ningún contexto y bajo ningún pretexto, el vil asesinato de un venezolano porque pensaba distinto, porque salió a manifestar su descontento, porque quiso expresar lo que sentía, porque enarboló una bandera, o exhibió una pancarta, o elevó un papagayo. Uno no está preparado para racionalizar la indiferencia y la sangre fría con que esta tarde un policía mató a un adolescente en una calle, en medio de una manifestación. Y como no se acepta, no hay manera de conciliar el sueño, ni de ordenar las ideas sobre la almohada, ni de pedir perdón a Dios por no ser capaz de perdonar un crimen como éste y tantos otros.

Sí, uno ha leído que desgracias de esta clase fueron y son hechos cotidianos en otros países. La Historia del mundo está llena de capítulos negros, porque los hombres, siendo los únicos animales inteligentes y con alma para albergar sentimientos de amor y compasión, somos también los únicos capaces de concebir y ejecutar acciones perversas. Crueles, pues, son todos aquellos que por la fuerza imponen su voluntad, sus ideas y sus creencias a quienes logran dominar, pero uno no se imagina hasta qué extremos están dispuestos a llegar con tal de conseguir sus propósitos.  

En Venezuela ya lo sabemos. Tenemos dieciséis años viviendo y sufriendo el ensañamiento feroz del régimen más violento que ha conocido el país en el último medio siglo. Un régimen signado por la truculencia encarnizada y la intolerancia absoluta, que persigue, acosa, encarcela, tortura y asesina. Uno no se explica de dónde salió esa gente, de cual infecto abismo de esta tierra noble emergió esa horda de seres desalmados que mienten, falsean, corrompen, destruyen, sin respeto por nada ni por nadie.

De esta suerte, el régimen chavista criminaliza el derecho constitucional a la manifestación pacífica; pero además, para justificar sus ejecuciones sumarias y otorgar impunidad a soldados y policías, el militar -otro más- que ocupa y desprestigia el Ministerio de la Defensa ha hecho ley la Resolución 008610 que, contraria a la Constitución, al margen de los tratados internacionales en materia de derechos humanos suscritos por el Estado venezolano y sin el mínimo sentido común, mediante el artículo 22.7 confiere a los funcionarios militares una auténtica licencia para matar.

Y entonces, no cabe más que el horror cuando uno compara la conducta de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional Bolivariana con los miembros de Al Qaeda y del Estado Islámico, pues la única diferencia entre unos y otros es el arma que utilizan. Los fundamentalistas musulmanes decapitan con un sable; los soldados y policías venezolanos disparan con fusiles directo a la cabeza.

A lo largo de estos cinco lustros, el socialismo del siglo XXI, que es el mismo comunismo anacrónico y criminal del siglo pasado, estampa en expedientes y epitafios sus iniciales con "S" de saqueador y sanguinario, y con "C" de cárcel y de cementerio.




21 febrero 2015

El efecto Ringtone y la agonía constitucional


La Historia es un abrupto y complejo laberinto de fatales extravíos y memorables coincidencias.
L.F.M.





Una cárcel, un teléfono público, un preso político, una llamada telefónica, un periodista, un mensaje...

Seguramente Antonio Meucci no llegó a imaginar la infinita cantidad situaciones que desencadenaría el uso de su invento. El teléfono, ese aparato que ha sido objeto de revolucionarias transformaciones y es hoy en día el más utilizado en el mundo gracias a las nuevas tecnologías, sigue cumpliendo la función esencial para la cual fue creado, pero el pasado 18 de febrero su utilidad fue particularmente significativa debido a una circunstancia puntual.

El programa Conclusiones, a través de CNN en español, transmitió en horario estelar la conversación telefónica* que ocho días antes sostuvieron el periodista Fernando del Rincón y el dirigente político Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular, preso de conciencia del régimen espurio del dictador Nicolás Maduro, recluido desde hace un año en la cárcel militar de Ramo Verde, y sometido a un proceso judicial plagado de vicios y diferimientos, por los delitos de instigación a delinquir, determinador en incendios, daño a la propiedad y asociación para delinquir, ninguno de los cuales el Ministerio Público ha logrado probar hasta ahora.

Leopoldo López aprovechó la ocasión de realizar la llamada desde un teléfono público ubicado dentro del centro penitenciario y, burlando a sus custodios, se comunicó con Fernando del Rincón para enviar un mensaje a todo el país. Lo hizo valientemente, sabiendo el riesgo al que se exponía por ejercer un derecho que sus carceleros le han arrebatado en múltiples ocasiones, como tantos otros derechos de los que se ha visto inconstitucionalmente privado desde que está en prisión. 

La difusión de la entrevista telefónica trajo consecuencias, una suerte de efecto ringtone que revolvió la bilis del régimen chavista y desató los siguientes acontecimientos. 

19 de febrero. Justo al día siguiente de la transmisión de la llamada, Leopoldo López fue castigado, una vez más, en un calabozo minúsculo, húmedo, frío, insalubre y sin ventanas, donde permanece completamente aislado por los próximos quince días. Por la noche, Nicolás Maduro, en cadena de radio y televisión, amenazó con «el puño de hierro chavista para castigar la conspiración». Acusó a Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma de planificar «golpes de Estado y hechos para generar caos y violencia en el país», cuyos supuestos indicios constan -según Maduro- en el documento suscrito por los mencionados dirigentes políticos, publicado el pasado 11 de febrero bajo el título “Llamado a los venezolanos a un acuerdo nacional para la transición”**.

20 de febrero. 5:10 p.m. Un pelotón de efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) penetró por la fuerza en la sede del partido Alianza Bravo Pueblo. Sin identificación, sin orden judicial, sin notificación previa de una investigación en proceso, el Alcalde Mayor, Antonio Ledezma, electo por votación popular, fue sacado a empujones de su oficina y arbitrariamente conducido, primero hacia un sitio desconocido, después a la sede del SEBIN en el Helicoide, en un procedimiento tipo comando, como si se tratara de un terrorista internacional, en el que se violaron sus derechos fundamentales al debido proceso, a la presunción de inocencia y a la dignidad, consagrados en la Constitución nacional y en el Código Orgánico Procesal Penal.

Sobre las 7:00 de la noche, el Alcalde fue presentado en el Tribunal 6º de Control del Área Metropolitana de Caracas, donde se realizó la audiencia ante el Juez Miguel Graterol, con la participación de los Fiscales del Ministerio Público Katherine Haringhton, Yeison Moreno y José Orta, quienes le imputaron los delitos de conspiración y asociación para delinquir, previstos en el Código Penal y en la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada, respectivamente.

Artículo 132 C.P. Cualquiera que, dentro o fuera del territorio nacional, conspire para destruir la forma política republicana que se ha dado la nación será castigado con presidio de ocho a dieciséis años.

Artículo 6 L.O.C.D.O. Quien forme parte de un grupo de delincuencia organizada para cometer uno o más delitos de los previstos en esta Ley, será castigado, por el sólo hecho de la asociación, con pena de cuatro a seis años de prisión. 

No fue sino hasta pasada la medianoche cuando Mitzy de Ledezma pudo ver a su esposo durante unos minutos, antes de que fuera trasladado y recluido en el Centro Nacional de Procesados Militares (CENAPROMIL) en Ramo Verde, donde también están Leopoldo López, Daniel Ceballos y una docena de otros presos políticos.

Es obvio que el «puño de hierro chavista» se cierra y golpea con fuerza «potencialmente mortal» sobre la agonizante Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en la que cada día expiran, uno tras otro, los derechos humanos. 

* Entrevista telefónica a Leopoldo López por Fernando del Rincón




** Llamado a los venezolanos a un Acuerdo Nacional para la Transición

El pueblo de Venezuela vive una de las circunstancias más difíciles de su historia, a la que ha sido llevado por un régimen que en los últimos dieciséis años aplicó un modelo fracasado y ha ejercido de manera impune la antidemocracia; un régimen ineficiente y corrupto que robó, regaló y despilfarró recursos públicos cuantiosos, con los cuales se hubiese podido impulsar el bienestar y el progreso de todos, en lugar de generar la ruina que hoy sufrimos. En fin, el desastre que vivimos responde al proyecto de una élite sin escrúpulos de no más de cien personas, que tomó por asalto al Estado para hacerlo totalitario, que se ha apoyado en grupos violentos y en un militarismo de cúpulas corruptas para controlar a la sociedad a través de la represión, que degradó las instituciones y que violentó todo ámbito de la sociedad hasta devastar la economía y dañar gravemente las bases de la paz.
La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en “profundizar” el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria y han deslegitimado en extremo al gobierno. Es claro que el régimen no resolverá la crisis y que el gobierno de Maduro ya entró en fase terminal.

Nuestro llamado: construir un acuerdo para conducir la transición en paz

Es la obligación de todo demócrata ayudar a resolver la actual crisis, defender la libertad, evitar que el ya ineludible derrumbe del régimen desborde los cauces de la paz y la constitucionalidad y hacer que la transición, es decir, el paso del sistema superado a uno nuevo lleno de esperanza, se produzca de la mano de la mayoría de los venezolanos y nos lleve sin retrocesos a recuperar el espíritu y el orden democrático.
Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.
A tal fin, proponemos un programa basado en tres agendas de acciones concretas, el cual se ha alimentado de las contribuciones que han hecho en los últimos tiempos diversos grupos de valiosos venezolanos. Como instrumento del Acuerdo Nacional, el programa que invitamos a acompañar y enriquecer con las perspectivas de todos los sectores, servirá de guía para superar la crisis y comenzar la reconstrucción del país.

1. Una agenda política-institucional dirigida a restituir las libertades conculcadas, la soberanía, la paz social y el Estado de Derecho:
- Restablecer la vigencia plena de las instituciones democráticas y los derechos humanos, liberar a los presos políticos, facilitar el inmediato retorno de los exiliados y solicitar del sistema judicial la apertura de los procesos a que haya lugar para el castigo de delitos graves cometidos al amparo del poder gubernamental;
- Reponer el ejercicio efectivo de la libertad de expresión y del derecho ciudadano a informarse sobre la gestión del Estado y revertir totalmente las violaciones y arbitrariedades cometidas en estos ámbitos;
- Rescatar la autonomía de los órganos del Poder Público, designar a sus directivos por las vías constitucionales y rehabilitar la pluralidad política y la soberanía del Estado nacional venezolano;
- Restituir plenamente la descentralización, el ejercicio de los poderes regionales y locales y la participación ciudadana genuina que establecen la Constitución y las leyes;
- Preparar y realizar elecciones presidenciales libres y absolutamente transparentes;
- Asegurar la lealtad y el apego de la Fuerza Armada Nacional a la Constitución y su desvinculación de toda injerencia extranjera y actividad político-partidista; y
- Abrir un proceso de despolarización política y de reconciliación nacional, que convoque e involucre activamente a toda la sociedad en la reconstrucción de las bases para la paz.

2. Una agenda para atender la emergencia social y asegurar la atención eficaz a los sectores más vulnerables:
- Restablecer a cortísimo plazo el abastecimiento normal de alimentos y otros bienes de consumo esencial de las familias y los suministros de repuestos e insumos que impiden la operación de las cadenas de distribución;
- Corregir las fallas de los servicios públicos fundamentales en todo el país, con especial prioridad en los de electricidad, agua, saneamiento, gas doméstico y transporte público;
- Garantizar que sean cubiertas las necesidades de salud de todo el pueblo de Venezuela, atendiendo las fallas y deformaciones existentes en la gestión de la salud pública y los sistemas hospitalarios; resolver el desabastecimiento actual de medicinas, insumos y equipos médicos y suplir los déficits de personal de salud de distintos niveles; y
- Enfrentar como prioridad de Estado la emergencia de seguridad ciudadana, desmantelar las redes criminales que proliferaron gracias a la impunidad y a la complicidad del régimen actual y abordar de manera integral el problema en sus facetas de prevención, acción policial, administración de justicia para eliminar la impunidad y elevación de la eficacia del sistema penitenciario.

3. Una agenda económica enfocada en estabilizar la economía, recuperar el ingreso familiar y generar confianza en el país:
- Recuperar la capacidad operativa y elevar significativamente la producción de la industria petrolera, revisar los marcos legales y los acuerdos lesivos a la misma y designar una nueva directiva de PDVSA, honesta y con capacidades, para garantizar su funcionamiento eficiente al servicio del país;
- Insertar nuevamente a Venezuela en los circuitos financieros internacionales y obtener de ellos los apoyos económicos necesarios para superar las dificultades del corto plazo;
- Desacelerar el proceso inflacionario actual, asumir una política cambiaria que promueva la producción nacional y, en general, corregir los desequilibrios macroeconómicos generados por años de excesos y corruptelas; restablecer la autonomía del BCV; poner en vigor un sistema eficiente y transparente para la coordinación de las finanzas públicas y designar nuevas autoridades de los entes económicos del Estado, con base en las normas y en criterios de capacidad y méritos;
- Llegar a acuerdos para la justa reparación de los daños a que hubiere lugar por expropiaciones arbitrarias; revisar el estado real de todas las empresas no petroleras que acabaron en manos estatales por la voracidad del régimen y decidir las formas de propiedad y gestión que ellas deban asumir para asegurar su recuperación productiva.
- Desmontar la maraña de controles que ahoga a la economía y reconstruir las bases jurídicas y económicas que son necesarias para atraer la inversión productiva que garantice un crecimiento estable en el futuro.
Venezuela será lo que los venezolanos hagamos de ella a través del cambio de rumbo que nosotros mismos decidamos. Ese rumbo estará asegurado por los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional para la Transición.

Caracas, 11 de Febrero de 2015

Antonio Ledezma                        Leopoldo López                  María Corina Machado

29 enero 2014

La libertad está en la calle


En 15 años no hemos hecho más que correr la arruga y delegar en otros la responsabilidad de una reacción a nuestros problemas más acuciantes: derechos mutilados, libertad estrangulada, inseguridad, impunidad, escasez de productos. El argumento de la salida electoral perdió sentido y credibilidad. Tenemos que salir a la calle y asumir el riesgo de las consecuencias, considerando el talante especialmente violento de la gente que está en el poder. Probablemente, la salida no será pacífica, porque su revolución está armada y es terriblemente destructiva.

El miedo no debe paralizarnos. Nadie desea morir, pero si no salimos, nos matarán de hambre, o en un asalto de hampones, o moriremos en vida sin libertad y sin dignidad.

Seguramente algunos no estarán de acuerdo con lo que digo. En este caso, sus razones y postura son respetables, pero a mi se me hace cada día más difícil resistir desde la relativa debilidad de un teclado y de las limitaciones de los medios y las redes sociales. Compruebo que mi vida pierde valor cada vez que ocurre un atraco, un secuestro, un asesinato; que mi esfuerzo pierde valor cada vez que se imponen nuevas medidas que restringen el derecho a trabajar y a producir, puesto que destruyen toda posibilidad de desarrollo y bienestar.

Me niego rotundamente a ser humillada, despreciada, acosada y maltratada por un régimen inconstitucional, conformado por un pequeño grupo de retrógrados, corruptos y vengativos individuos que usan el poder, ilegítimamente, para abusar de los ciudadanos y desmantelar a la Nación.

No quiero irme a ninguna parte forzada por las circunstancias que unos cuantos resentidos insensatos han creado. No estoy dispuesta a ceder en el intento de contribuir al cambio definitivo de la situación. Nadie tiene el derecho de empujarme hacia la puerta de salida de mi propio país.

Los crímenes contra más de 200.000 venezolanos brutalmente asesinados en los últimos 15 años asustan y deprimen a la sociedad, pero esos hechos deben infundirnos valor y fortalecer nuestras razones para combatir la perversidad e ineptitud de este gobierno espurio desde todos los flancos. El miedo y la desesperanza nos inducen a huir, pero si huimos, estaremos renunciando a lo que somos.

Hay que espantar la apatía y ser consecuentes con nuestra necesidad y anhelo de libertad. Debemos salir a manifestar llevando a nuestros muertos, a nuestros presos políticos, a nuestros discapacitados por la violencia, a nuestros emigrados. Ya no somos libres ni siquiera en el hogar. Tenemos que salir a la calle a buscar la libertad que nos han arrebatado.

31 octubre 2013

Un lunes cualquiera


Son las 5:15 de la mañana de un lunes de trabajo como cualquier otro. En la parada del Metrobús ya hay treinta personas en fila. Todavía está oscuro, pero las calles empiezan a llenarse, poco a poco, de sonidos de motores en marcha. Tomo el primer café del día mientras observo cómo el cielo cambia sus tonos desde el negro cerrado de la noche hacia los matices de un azul todavía indefinido. A las 5:30 en punto el transporte se detiene y los pasajeros, que ya son más de cincuenta, suben y se acomodan. Cuando el largo autobús de color verde arranca, en la parada permanecen siete personas. Para entonces, el techo de la ciudad se ha pintado de azul lila, el Ávila se ha desperezado y yo me sirvo la segunda taza de café, deseando que la tranquilidad del alba se prolongue durante toda la jornada.

No será así, lo sé de sobra. Ya es una rareza que a esta hora algún conductor no haya tocado su bocina, o que algún autobusete no haya pasado por la calle dejando una estela de música a todo volumen. Me conecto a la Internet para dar un vistazo a los diarios digitales. Las noticias me devuelven a la cotidianidad de la que todos quisiéramos huir. "En Venezuela ocurrieron 200 mil asesinatos durante los últimos 14 años". "Van 454 cuerpos ingresados a Bello Monte durante octubre". Todos los ruidos de esta urbe enloquecida no alcanzan a apagar los gritos de dolor e impotencia. No me conformo. Busco una noticia buena, una que sea capaz de opacar con su belleza las fealdades de esta realidad. Consigo algunas en la sección deportiva, pero no son suficientes.

A las 6:35 de la mañana, la luz que iluminó los lienzos de Reverón se desparrama, dorada y tibia, sobre Caracas. En la parada, casi un centenar de personas espera el siguiente Metrobús para ir a sus sitios de trabajo, a sus escuelas y a sus universidades, para hacer las diligencias del día y las colas frente a los supermercados. Miro a toda esa gente y me pregunto si todos volverán ilesos a sus casas esta tarde. Supongo que se habrán encomendado a Dios antes de salir. La fe es lo único que nos queda cuando se vive en el más completo desamparo, pero ni siquiera la fe nos salva de la maldad. "Robaron a feligreses durante una misa en Valencia".

26 septiembre 2013

El mejor país del mundo


Cada día se hace más difícil creer que vivimos en "el mejor país del mundo". Se multiplican los motivos para preguntarse: el mejor, ¿en qué?, y sobre todo, ¿cómo para qué?

El mejor país es aquel donde las personas encuentran las condiciones idóneas para realizarse y ser felices, pero Venezuela hace mucho tiempo que dejó de ser –o parecer– ese lugar. Desde el momento en que vemos restringidos nuestros derechos, como el de circular libremente por el territorio nacional, acceder a los bienes de primera necesidad, disfrutar de los servicios básicos, gozar de seguridad ciudadana y de seguridad jurídica, o elegir libremente a nuestros gobernantes, por mencionar algunos de los principales, entendemos que el Estado se fortalece brutalmente a costa de nuestra vulnerabilidad.

En Venezuela tenemos hoy en día una crisis moral tan profunda, que no bastarán cien años para devolverle a nuestra sociedad la decencia perdida. La corrupción se ha hecho masiva, está tan metida en todas partes que es imposible no percibirla, no sentir su áspero roce cuando pasa a nuestro lado o cuando se nos planta de frente, sin ninguna vergüenza, y nos desafía. En los supermercados y en los abastos, en los tribunales y en las notarías, en los bancos y en las compañías de seguros, en los destacamentos y en las alcabalas, en los hospitales y en las clínicas, en las escuelas y en las universidades, en las gobernaciones y en las alcaldías, en las empresas y en los comercios, en los autobuses y en los taxis, en el Metro y en los aeropuertos, en las aduanas y en las marinas, en los centros comerciales y en las buhonerías, en la Guardia Nacional y en las policías..., nada se consigue por las buenas, por la vía regular, por los medios legales.

La corrupción es la regla, porque la honestidad se ha vuelto excepcional, y se duda de cualquiera que sea –o intente ser–  honesto; el que se comporta bien está mal visto, como si trastabillara fuera del riel por donde se supone que debemos caminar si queremos obtener una respuesta, o solucionar un problema, o recibir justicia, incluso si lo que tratamos es de hallar un litro de aceite, o un poquito de silencio en el barrio, o un asiento en el vagón del Metro.

Si Venezuela es, según algunos, el mejor país del mundo, seguramente lo es para quienes delinquen, porque gozan de impunidad; para quienes negocian con los bienes del Estado, porque gozan de privilegios; para quienes abusan del poder, porque nada los limita; para quienes el fin justifica los medios, porque la revolución da para todo, principalmente para violar la Constitución, para perseguir y reprimir, para condenar sin necesidad de juicio previo, para corromper y ser corrompido sin ninguna consecuencia.

En nuestro país, que no es ni de lejos el mejor del mundo, hace falta mucho de familia, de formación de hogar, de educación de padres, de principios y valores enseñados a través del ejemplo, de constancia en el trabajo, de disciplina en los deberes, de orden en la casa de cada cual, de tolerancia y respeto por el otro, para llegar a tener patria.

12 septiembre 2013

Derechos a tajos por los atajos


La Asamblea Constituyente de 1999 parió a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que contiene un menú de lo más completo en materia de derechos humanos. ¿Para qué ha servido? Durante el imperio de la plaga revolucionaria, para que los esbirros de la represión y la muerte les hayan hecho un tajo a cada uno, comandados y/o respaldados por un régimen autocrático que se ha manifestado de muchas maneras enemigo acérrimo de los derechos humanos, de la libertad, de la democracia y de la Constitución.

Ahora, habiendo denunciado la Convención Americana de los Derechos Humanos, ya lo es explícitamente. Renuente a permitir visitas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al país, contumaz ante sus informes y recomendaciones, reacia a respetar, acatar y cumplir los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la decisión del régimen ha pretendido dejar fuera de la jurisdicción de ésta al Estado venezolano, aduciendo que el mecanismo de protección de los derechos humanos deja en el desamparo a los gobiernos y los obliga a obedecer sentencias dictadas con ojeriza. Grosso modo, tal fue el argumento del difunto cuando ordenó el estudio para la denuncia de marras.

Se equivocan los que piensan que este retiro favorece al gobierno ilegítimo y salva a sus integrantes, directos e indirectos, de las consecuencias derivadas de las violaciones que hayan cometido o de las que cometan contra los ciudadanos venezolanos y contra la Constitución. Los derechos humanos son inalienables, irrenunciables e imprescriptibles, y junto al umbral cuya puerta han cerrado, se han de abrir otros muchos atajos por donde seguirán transitando carretas llenas de denuncias de víctimas que no estarán dispuestas a callar.

06 septiembre 2013

Nicolás, el políglota


En todo el mundo existen más de 7.000 lenguas. El chino mandarín ocupa el primer lugar con más de mil millones de hablantes por número de nativos. Según el Anuario 2012 del Instituto Cervantes, le sigue el español, con casi 500 millones de hablantes por número de habitantes. Es éste, además, el idioma oficial en 21 países, uno de los seis idiomas oficiales en la Organización de las Naciones Unidas, el segundo más estudiado, después del inglés, y el tercero más utilizado en Internet con un incremento de más de 800% durante los últimos once años. En las redes sociales Facebook y Twitter, el inglés y el español son las lenguas en que se expresan más de 274 millones de usuarios.

Sin embargo, a Nicolás Maduro no le basta con que sus seguidores lo lean, en algunas ocasiones hasta con cierta dificultad, en su lengua materna. A pesar de sus archiconocidos deslices y dislates gramaticales, ortográficos, sintácticos, disléxicos y hermenéuticos, ha decidido comenzar a tuitear en inglés, francés, portugués y árabe, y se ha permitido anunciar que dentro de poco lo hará también en ruso y en chino mandarín.

Si el propósito de internacionalizar sus mensajes en distintos idiomas estuviere acompañado de su esfuerzo en aprenderlos como para atreverse a escribir en cada uno de ellos, uno podría pensar que el sujeto de marras, en el ínterin de su aventura turística en el transbordador de la Cancillería, descubrió las ventajas de la poliglotía, pero presumimos que el repentino interés no llega a tanto. De hecho, sus habilidades lingüísticas dejan mucho qué desear. ¿Recuerdan la lectura de aquel mensaje de pésame en francés que leyó en el velorio de su mentor? No comments!

La verdad es que si ya le cuesta bastante comunicarse fluida y correctamente en español, y sus discursos, además de insustanciales, repetitivos y aburridos, chapotean en el fango de la procacidad, ¿cómo cree que puede tuitear en distintos idiomas, cuando no domina ni siquiera el propio?

Basta leer uno de sus tweets en inglés para comprobar la pésima traducción: I am in constant touch, in real time, with the Power Chiefs of Staff and leading power restoration in centralwestern part of the country... (@maduro_en). Tampoco la siguiente oración en francés está bien construida, por lo que pierde su sentido: C'est clair q la main de ceux qui veulent affaiblir n. pays est impliquée, suivons le chemin du travail et prospérité. Unité et progrès! (@maduro_fr). No tengo la menor idea de qué será lo que dice aquí, pero confío en que alguno de los lectores domine el árabe y nos revele el misterio de esta frase u oración: رئيس جمهورية فنزويلا البوليفارية. ابن تشافيز. نبني الوطن بكفاءة ثورية (@maduro_ar).

Así, pues, sólo hay dos maneras de que Nicolás escriba en cualquier otro idioma: utilizando el traductor online de Google, que es gratuito, pero abunda en errores de interpretación, debido a que la máquina no comprende el contexto de ciertas expresiones; o contratando a un equipo de traductores profesionales, cuyos honorarios no quiero imaginar, y si este fuere el caso, se perdieron esos reales.